Testimonio de Esmeralda y Roberto

"Se siente la calma de cualquier noche de verano. Una lechuza blanca que acaba de salir de la torre del castillo parece reprocharnos que estemos cenando en sus dominios. Miro a mi alrededor e intento ser consciente de que el día de hoy está pasando a cámara rápida ante mis ojos. 

Y es que sólo hace unas horas que hemos cruzado estas murallas para celebrar la ceremonia de nuestra boda a la sombra de las moreras, con el murmullo de la fuente de fondo.

Nuestros hermanos han recordado las respectivas infancias en unas lecturas emotivas y divertidas. Están todos tan guapos, con esas sonrisas y alguna lágrima de emoción. Las abuelas están preciosas.

Disfrutar hoy de nuestros seres queridos en un entorno así es de un valor incalculable. 

Al acabar la ceremonia, algunos aprovechaban para hacer sus fotos en el jardín que ha comenzado a iluminarse con velas al caer el sol y con la vista majestuosa del castillo de fondo, cuando ha comenzado el cóctel.

Y es que si el entorno no tiene rival, los más de veinte elaboradísimos aperitivos y las vistosas bebidas han desviado la atención de nuestros invitados hacia la gastronomía extremeña. Y eso sólo ha sido el comienzo.

Al fin sentados a la mesa, tengo al lado a mi marido, que me sonríe cómplice. Nuestros padres nos rodean, radiantes. Todo es perfecto. Sigo con la mirada el vuelo de la lechuza. Ella no lo sabe, pero me hace ilusión que nos acompañe esta noche.

Las novias suelen estar nerviosas, pero el personal del Castillo de la Arguijuela me ha arropado tanto en los últimos días que me siento en casa hoy. 

Se escucha el tintineo de los cubiertos entre la suave música de fondo. Camareros elegantemente uniformados atienden cada detalle durante el banquete. Un servicio de protocolo impecable, la iluminación perfecta y la excelente cocina del Chef César Ráez. 

Nada es casualidad. Hace año y medio nos comprometimos. Una noche, paseábamos por el puente de Sant'Angelo y al día siguiente teníamos claro que nos casaríamos en el Castillo de la Arguijuela. Aunque vivimos en Madrid, mi familia y parte de la suya son extremeñas, así que sabíamos que sería en Extremadura, pero en el sitio más bonito y con la mejor cocina. No tuvimos que buscar mucho.

Ya bajan todos a la pista de baile. Hemos hecho un cambio de outfit porque el baile nupcial no sería fácil con el vestido de novia. 

Baja la música, comienza nuestra canción y empezamos a bailar. Vemos de reojo 

burbujas de colores a nuestro alrededor, el castillo iluminado, la cara de ilusión de nuestra gente. Algunos lloran de nuevo. Música. Magia. Aplausos. Comienza la fiesta.

La barra libre con una iluminación preciosa no para de poner copas de lo más originales entre fuentes de chuches. Las sorpresas de nuestros amigos tanto en la cena como durante la barra libre también han hecho de hoy un día para recordar. 

Llevamos ya varias horas y sale otro buffet libre. Con lo bien que hemos comido. Qué locura. Frutas, dulces, medias noches... 

Al fin baja la música, suena la canción más romántica de esta noche y el cielo de nuestra noche de verano se ilumina con fuegos artificiales.

Un día tan mágico sólo podía acabar brillando."

Boda Esmeralda y Roberto

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